En 2023 emprendí el difícil reto de volver a escribir. Ya había probado suerte con un par de guiones, canciones y fanzines, sin llegar muy lejos con ninguno. La constancia nunca ha sido mi fuerte, pero está claro que posponer cada texto que empezaba era señal de una insatisfacción más profunda, un bloqueo que trascendía lo creativo. Con la última de las campanadas, mi único propósito para el año nuevo era el de forzarme a escribir cualquier tontería (una) al día. No lo concebí como un diario, aunque fue en lo que terminó convirtiéndose; tan solo me propuse anotar cada día un pensamiento. Asequible, fácil, sencillo.
Entrada a entrada, cada vez era más extenso en mis disertaciones y pronto las reflexiones se tornaron en íntimas confesiones con el tiempo. Estaba claro que aquello ya no era un ejercicio estimulante, o había dejado de pretender serlo. No escribía con la intención de que nadie me leyera, nunca tuve en cuenta al receptor. Mientras que en mi día a día filmaba con ese ánimo, cuidando el encuadre, la composición, la luz y el sonido; en mi diario era desordenado, tajante, irreverente y hasta mezquino. Nunca me importó serlo en exceso, escribir sobre el yo es un acto crudo, vulnerable y de una honestidad visceral de por sí. Con una finalidad clara o no, perseveré en mi cometido y el 31 de diciembre de ese mismo año le puse punto y final para siempre. En la última página apunté:
Me encantaría despedir con una reflexión, pero sinceramente estoy tan disociado que no creo que pueda empezar. Este año se ha esfumado y ni yo tengo claro qué ha pasado. Cada inicio de año sabe a lo mismo de siempre, en realidad. Me encantaría tener una lista de propósitos, pero es tan difícil pensar en todo lo que no conseguiré que prefiero llevarlo día a día.
Anoche le dije a alguien que no iba a tomar las uvas debajo de la mesa porque ya me estaba bien la vida que llevo. No quiero fortuna, solo estabilidad. Supongo que eso encapsula un poco como me siento. En fin, un año raro, sin muchos cambios, pero que recordaré bien o mal según el día y quién me pregunte. Solamente espero que no pase en balde.
Mi plan es tirarme a la cama hasta que el pensamiento de que llega 2024 se acabe de instalar en mi cerebro desorientado. Después de pensarlo un poco, he decidido que no voy a seguir con el diario. Igual empiezo otro, aunque creo que no me entusiasma la idea. Es difícil escucharme con tanto ruido. Sé que me hace bien, pero a veces me exijo demasiado para lo poco que soporto. Adiós por siempre.
Nunca supe bien qué hacer con todo aquello. Pensé en editarlo, pero me tomaría demasiado tiempo. Pensé en seleccionar mis fragmentos favoritos y publicarlos, pero me expondría demasiado. Pensé en enterrarlo unos años, pero soy demasiado impaciente. Pensé en destruirlo, pero no sabía cómo.
_______________________________________________________________oï